lunes, 1 de octubre de 2012

Historia de una pulsera

Cada vez que identificaba a una me le acercaba ya con el nudo en la garganta.

"Este obsequio fue preparado por nuestro equipo para todas las sobrevivientes que encontráramos hoy en esta actividad. ¡Que Dios la bendiga!" O a veces terminaba con un "Gracias porque tu fortaleza nos inspira". Algunas me abrazaron, y otras dejaron caer una lágrima; pero, sin fallar todas sonreían cuando recibían el collar que consistía de una cinta y un "charm" con un símbolo de esperanza.

Así íbamos caminando entre la multitud que se dio cita para apoyar a las pacientes de cáncer de seno. Identificábamos a las sobrevivientes por la camiseta que las distinguía. Hasta que vimos una que nos impresionó.

¿Era un error? ¿Se acabarían las otras camisetas y le tuvieron que dar una de sobreviviente?

Tuve que acercarme y preguntar. "Disculpe joven, ¿usted es sobreviviente?". La niña me miró sonriente y asintió. Se me ahogaron las palabras en la garganta, el libretito que había improvisado durante todo el día me pareció insignificante. Pero era lo único que tenía.

"Este es un obsequio de nuestro equipo para todas las sobreviventes..." La niña lo tomó feliz y miraba a su mamá. Y aquella madre orgullosa que vio a su hija nacer dos veces, dos veces se alegró del regalo. "¡No te vayas! Ella tiene 9 añitos y sí, es sobreviviente, ¡y también es artesana! Ella solita hace estas pulseras rosadas para vender en las actividades. Toma esta, mira que las hace ella misma. ¡Gracias!"

¿Gracias? ¿GRACIAS? Creo que la señora estaba errada... ¡GRACIAS A USTED!

Nos retiramos de allí con la lágrima asomada, y pensando qué grandes son estas personas que logran superarse de contrariedades tan gigantescas. Cómo siguen adelante con sus vidas estableciendo metas distintas, compartiendo su historia, alegrándose con cada nuevo día.

Por ahí ando con mi pulsera, y no me la pienso quitar.

Cuando vuelva el próximo año mi camiseta leerá "corro por aquella chica que me regaló una pulsera". ¡Mil gracias a ti!

 

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Modelos en la calle

De nuevo me topé con un tremendo tapón a las 7 de la mañana provocado por dos chicas en panties y brasier. Montadas en tacos de 6 pulgadas "modelaban" rótulos de un periódico en una concurrida intersección mientras sus admiradores reducían la velocidad para admirar su "trabajo".

¿Y por qué no llegó la Policía a arrestarlas? Tengo varios posibles cargos: estorbo público, exposiciones deshonestas, obstrucción en la vía de rodaje, alteración a la paz, pendejez agravada, autoestima en decadencia, pelambrera desesperada. Tampoco vi allí a las grandes defensoras de los derechos de las mujeres, porque explotación sí debe haber un poquito.

Antes de que el coraje se apodere de mí por la congestión vehicular o la estupidez de la gente que reduce la velocidad, me sobrecogen la pena y la indignación por esas muchachas. Semidesnudas aguantan el frío de la mañana, las emisiones de los carros y, peor aún, las emisiones de los que les pasan por su lado y les regalan lo "mejor" del gran repertorio de piropos boricuas; o les lanzan miradas lascivas, o simplemente se burlan de ellas. ¡No quiero imaginar si tratan también de tocarlas!

Habrá quien diga que son modelos y sus fotos provocativas se publican en el bendito periódico que para eso les paga. Pero yo digo que las modelos pertenecen a la televisión, las revistas y las pasarelas. Las sesiones fotográficas de las modelos no son abiertas al público. Su obra se admira cuando ya es un producto final. Por ello, el que quiere de verdad admirarlas espera al producto final.

También habrá quien diga la clásica "más se ve en la playa". Pues quien quiera verlas, que se ponga sus gafas oscuras, agarre su sillita y se vaya a la playa.

Cada cosa en su lugar.

No le veo justificación alguna sobre la faz de la Tierra a que las modelos tengan que exhibirse de esta forma para promocionar un periódico. Me parece una movida baja y explotadora por parte de la entidad. Los más culpables son los que manipulan a estas chicas para hacerles creer que las hacen famosas o le amplían su portfolio profesional.

Tampoco pienso que estas chicas sean ignorantes, pero desenfocadas sí que lo están. Una debe conocer y defender los valores propios y en ello adquiere relevancia lo que una representa cuando se desempeña en su trabajo o en sus hobbies. ¡Hay que darse su lugar!

No promuevan estas prácticas. Enseñémosle a nuestras presentes y futuras generaciones sobre el valor, la estima, y el respeto que nos permiten progresar socialmente.


Mira qué linda salgo en el periódico.